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Los Campesinos, Los Obreros y Otros Sectores del Pueblo Humilde Luchan

par Partido Comunista Paraguayo (independiente), 1.11.2010

Los conflictos por la falta de tierras y otras condiciones necesarias para la producción campesina se suceden uno tras otros.

Para la gran mayoría de los campesinos estos hechos se obscurecen en cierta medida por el hecho de que perciben cierta manipulación en torno a las ocupaciones de tierras, por parte de algunos dirigentes que no aciertan con la línea adecuada para las movilizaciones que encabezan:

Buscan soluciones rápidas y más fáciles en apariencia para la lucha por los reclamos fundamentales del campesinado, tales como ocupaciones de estancias, hechas en forma muy sacrificadas y esforzadas, que terminan en desalojos y persecusiones.

  • No se analizan suficientemente las experiencias con la perspectiva de continuar las luchas por otros medios, pacíficos y no pacíficos.

  • También la mayoría de los campesinos percibe que los dirigentes más renombrados hacen alianzas con los compradores de rollos para extarerlos de las propiedades ocupadas –sean cuales fueren, con los plantadores de marihuana, en la que algunos están metidos personalmente.

  • Perciben sobre todo la política de buscar el “asistencia lismo” del gobierno, en el sentido de que las ocupaciones de tierras son utilizadas sólo para presionar al gobierno para que eche mano a los fondos de Itaipú, Yacyreta o empréstitos internacionales. A raíz de esta “política” los dirigentes no se pronuncian en lo más mínimo por la recuperación de la soberanía nacional en Itaipú, por el contrario, se esmeran en mantener las mejores relaciones con los directores paraguayos, tanto de Itaipú como de Yacyreta, para estimularlos a que contribuyan con fuertes sumas de dinero (que en general están acordadas con los funcionarios estatales brasileros y argentinos).

 A pesar de estos aspectos negativos, la participación de los campesinos en conflictos por la tierra y otros problemas han ido en aumento y se han profundizado y agudizado las confrontaciones. Esto se puede ver también a través de dos aspectos:

a) Los grandes latifundistas organizan grupos paramilitares que torturan y asesinan a campesinos buscándolos hasta en sus propias casas (ver ABC de noviembre). De la misma forma la Policía se moviliza ahora más rápidamente, con la ayuda muchas veces de jueces y fiscales (la supuesta persecusión de aventureros que secuestran es un pretexto normal).

b) La preocupación cada vez mayor de dirigentes latifundistas de la ARP y de la UGP, para tratar de ilusionar al campesinado con promesas mínimas e insuficientes de asistencia técnica, de participación en tareas conjuntas, etc., en general promovidas fuertemente por organizaciones gubernamentales y no gubernamentales manejadas por el imperialismo norteamericano, europeo, así como también por los gobiernos del Brasil y de la Argentina. Todo esto con la ayuda de la alta jerarquía de la Iglesia.

El caso de las tierras del bandido latifundista brasilero Rodréguez Teixeira sólo ha conseguido acaparar la atención de la gente y ocultar el creciente descontento y despertar de la gran masa campesina, que va mucho más allá de los dirigentes más conocidos involucrados en “negociaciones” de alto vuelo.

Lo concreto es que se trata de desviar a los campesinos hacia dos direciones: la de aquellos que promueven ocupaciones de tierras como las descriptas y en segundo lugar por otros dirigentes que tratan de hacer creer que es posible el desarrollo activo, en especial del cultivo del algodón y de la producción campesina en general en las actuales condiciones socio-económicas del Paraguay. Ambas corrientes son muy perjudiciales para el despertLOS CAMPESINOS, LOS OBREROS

y OTROS SECTORES DEL PUEBLO HUMILDE LUCHANar político de las grandes masas campesinas y confunden a toda la nación restando solidaridad a las magníficas luchas del campesinado.

Desde hace meses y durante las elecciones se producen movilizaciones de obreros y empleados, con mayor decisión que antes, tales como las ejemplares huelgas de los obreros de los frigoríficos de FRIGOMERC y FRIASA, de ACEPAR, de transportistas de varias líneas de colectivos, de empleados estatales, de PETROPAR, Ministerio de Justicia y Trabajo, de la FEP (Federación de Educadores del Paraguay), del Ministerio de Educación, de enfermeras y médicos de hospitales nacionales. Especial importancia tienen las luchas de los sindicatos de la energía que están al frente por la soberanía energética, SITRANDE, SICHAP y otros.

Son innumerables las quejas y movilizaciones de amplios sectores de la población a lo largo y ancho de todo el territorio nacional, relacionadas con la vida diaria, desde caminos y puentes en mal estado, de falta de escuelas y sanidad general, de abusos de autoridades locales, contra la abierta corrupción de funcionarios. Se manifiestan sobre todo en las denuncias por el manejo irregular de fondos de la SAS, como es el caso con TEKOPORA (Servicio de Asistencia Social) y de la SEN (Secretaría de Emergencia Nacional). Estas denuncias deben ser observadas no solamente por el aspecto político proselitista que tienen estas ayudas gubernamentales circunstaciales y de emergencia, sino porque existe una necesidad generalizada del pueblo más humilde, que no ve otra salida más que la de reclamar al gobierno por ayuda.

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