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La estrategia y táctica de la revolución democrática, antiimperialista y socialista como enseñanza de la Revolución de Octubre

Partido Marxista-Leninista de Alemania MLPD, Contribución Nº A05 a la „discusión internacional en Internet sobre el significado de 100 años de Revolución de Octubre“, 30 de junio de 2017

 

La Revolución de Octubre en Rusia en 1917 formaba parte, con respecto a su carácter, de la revolución internacional y fue clasificada conscientemente de esta manera por Lenin, a pesar de que quedó limitada en su forma a Rusia. También hoy es necesario que cada revolución se introduzca en la estrategia y táctica de la revolución internacional y su desarrollo concreto. El carácter particular de la Revolución de Octubre está determinado, entre otros aspectos, por sus dos etapas: se basó en la Revolución democrática de Febrero contra el régimen del Zar y realizó, como revolución socialista y proletaria, la liberación social de la clase obrera del imperialismo ruso.

Lenin escribió acerca de esto: "La peculiaridad del momento actual en Rusia (en abril de 1917; nota de la autora) consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado." (Lenin, Las tareas del proletariado en la presente revolución, en O. C., tomo 31, Editorial Progreso, Moscú, 1985, pág. 121).

Solamente el derrocamiento del régimen brutal del Zar posibilitó que el movimiento obrero y de masas así como la fuerza organizada del partido bolchevique se pudieran fortalecer. Sólo entonces surgió, también dentro de los Sóviets, una mayoría bolchevique que movilizó a los obreros, al proletariado rural y a los pequeños agricultores para la revolución proletaria.

La dialéctica entre la revolución democrática y la revolución socialista/proletaria es fundamental. En los "viejos" países imperialistas del mundo, las revoluciones democráticas se realizaron ya en los siglos pasados. Los países explotados y oprimidos por el antiguo colonialismo obtuvieron en la mayoría de los casos la independencia formal durante el siglo pasado, mediante luchas y revoluciones democráticas encarnizadas. Pero la explotación y opresión de ellos por el imperialismo continuó mediante un sistema de nuevo tipo de neocolonialismo.

Con la desintegración del bloque de los países burocrático-capitalistas surgió un mercado mundial único y la nueva organización de la producción internacional resultó ser un cambio esencial en el sistema imperialista mundial. Con la internacionalización de las fuerzas de producción y la dictadura del capital financiero internacional, único dominante, que se extiende cada vez más sobre el mundo entero, algunos países, anteriormente neocoloniales dependientes, evolucionaron en países capitalistas o incluso neoimperialistas. Otros fueron arruinados tanto por el imperialismo que en muchos casos ahora ni siquiera cuentan con aparatos estatales e infraestructuras funcionales. Pero incluso en estos países, los obreros y las amplias masas se enfrentan al capital financiero internacional, único dominante, que explota su materia prima y su mano de obra, que ocupa su país, etc..

Desde entonces, la burguesía nacional se compenetra en forma muy estrecha con el capital financiero internacional en todos los países que cuentan con producción capitalista - por más diferente que sea su avance. Sus inversiones, flujos de finanzas, el capital invertido en máquinas e instalaciones, sus fábricas, también en empresas conjuntas, en capital agrario etc.. están vinculados en un ovillo que parece inextricable. Esta es la razón interna por la cual en estos países, tanto la liberación nacional como social, con el golpe principal contra la clase dominante en el propio país, se puede completar sólo en unión con el derrocamiento mundial del capital financiero internacional, único dominante.

En 2011, Stefan Engel escribió en el libro "Aurora de la revolución internacional socialista", sobre los países que aspiran poder imperialista:

"Para crear los requisitos para la construcción del socialismo, los revolucionarios - bajo la dirección del proletariado industrial internacional, en alianza con las amplias masas y también con partes de la burguesía nacional no monopolista - deben resolver, también en estos países, tareas aún propias de la revolución agraria, superar el atraso y el desequilibrio de la economía, así como los remanentes feudales. … Cuanto más se imponga el carácter imperialista de estos países, tanto más las insurrecciones revolucionarias en los centros industriales determinarán el carácter como revolución proletaria." (pág. 336).

El carácter fundamental de una revolución es determinado por el nivel de desarrollo logrado en la sociedad respectiva. Si un país se ha convertido en un país imperialista, entonces está en el orden del día la preparación de una revolución socialista. A causa de los remanentes de explotación y opresión neocoloniales o de estructuras feudales, de formas particulares de opresión nacional, racista u otros, debe ir acompañada por una revolución democrática o bien ésta tiene que ser realizada como primera etapa de la revolución socialista.

Lenin se defendió, después de la Revolución de Febrero de 1917, contra objeciones de diferentes dogmáticos que plantearon que la revolución democrática todavía no había concluido y que, por eso, la revolución socialista era prematura. Lenin definió como criterio principal para ello, si el poder ya había pasado a las manos de una nueva clase frente al régimen feudal zarista. El aspecto principal de la revolución de febrero de 1917 consistía en el "el paso del poder del Estado a manos de la burguesía … Por tanto, la revolución burguesa o democrática burguesa en Rusia ha terminado." (Lenin, Cartas sobre táctica, en O. C., tomo 31, pág. 140).

Como aspecto secundario, faltaba todavía superar remanentes feudales. Lenin se opone a repetir "una fórmula tontamente aprendida, en vez de dedicarse al estudio de las nuevas peculiaridades de la nueva y viva realidad".(Ibíd., pág. 141).

Si un país es imperialista, solamente la revolución socialista puede concluir la liberación democrática. Lenin escribió en Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre: "Resolvimos los problemas de la revolución democrática burguesa sobre la marcha, de paso, como «producto accesorio» de nuestra labor principal y verdadera, de nuestra labor revolucionaria proletaria, socialista." (Lenin, Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre, en O. C., tomo 44, pág. 153). La lucha por la liberación democrática fortalece las fuerzas de la revolución socialista - la revolución socialista consigue en la lucha la consecuente liberación democrática y social.

Hay objeciones de que, en los países neoimperialistas, se debe realizar primero una revolución antiimperialista y que la preparación de la revolución socialista debilita las fuerzas de la lucha antiimperialista. Pero la dialéctica de la revolución democrática y la revolución socialista no se puede remplazar por una sucesión metafísica y un deslinde rígido. La relación fundamental entre ellas tiene que ser analizada y aplicada de manera creativa mediante un análisis concreto de la situación concreta sobre el nivel de la doctrina del modo de pensar, según las particularidades correspondientes. Las formas concretas en los diferentes países son tan variadas como la vida. Así, en la Turquía neoimperialista bajo el fascismo como forma del poder, el próximo paso en el camino hacia la revolución socialista es un orden democrático bajo la dirección de la clase obrera. En ésta se integra la lucha por la liberación nacional del pueblo kurdo oprimido. En Sudáfrica neoimperialista es la lucha por la superación completa del régimen racista de apartheid, en la India neoimperialista la destrucción del sistema feudal de las castas las que formarán parte o incluso serán los próximos pasos del camino hacia la revolución socialista.

Hay que tratar de manera dialéctica también las formas de lucha. La Revolución de Octubre fue, primero, una insurrección armada. Pero esto se refirió solamente al derrocamiento del poder burgués. Después de la revolución, hubo que librar, hasta 1924, una lucha de partisanos contra diferentes príncipes feudales, una guerra de resistencia antiimperialista contra la intervención de varios países capitalistas e imperialistas, respectivamente.

No cabe duda de que el potencial para la insurrección armada de la clase obrera se haya ampliado y aumentado claramente: a causa del significativo crecimiento de la clase obrera en los países neoimperialistas, la proletarización de más sectores de la sociedad y el confraternización con la clase obrera de cada vez más amplios sectores de los oprimidos. La insurrección armada se encuentra en una interacción dialéctica con los levantamientos y luchas democráticos, guerras populares temporales etc..

La revolución socialista internacional consiste de toda una diversidad de revoluciones democráticas y socialistas y sus combinaciones. Los revolucionarios del mundo deben analizar concretamente la situación en sus respectivos países. Es necesario encontrar la dialéctica concreta entre la lucha por la democracia y la libertad y la lucha por el verdadero socialismo, de la revolución nacional y la revolución internacional. ¡Esto ensanchará de manera muy importante los potenciales de la revolución socialista internacional!

 

Gabi Fechtner (con apellido de soltera Gärtner), presidenta del MLPD.

 

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